El rumor de Orleans: el cuento del Maestro Aymon
En lo alto de la colina, donde el viento llega cansado y se sienta a descansar entre los pinos, había un refugio de madera que olía a resina y a tiempo. Allí vivía el Maestro Aymon, un hombre de manos grandes y silencios largos, que había pasado la vida enseñando a otros a mirar lo que nadie mira. Frente a él, Enzo, su aprendiz, tallaba con esmero un trozo de madera. La navaja entraba y salía con paciencia de río. No buscaba una figura: buscaba el hilo. —Maestro —dijo Enzo sin levantar la vista—, he leído sobre un hombre llamado Edgar Morin. Hablan de una investigación suya en Orleans. ¿Qué fue lo que pasó allí? El Maestro Aymon sonrió. Tomó una taza de barro, sopló el vapor y comenzó a contar. —Hubo una vez, Enzo, una ciudad llamada Orleans. Corría mayo de 1969. Las calles estaban húmedas y las vitrinas exhibían faldas cortas que escandalizaban a los padres. De pronto, algo extraño comenzó a suceder. Se dec...